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Motor 2000
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Sábado, 3 diciembre - 2022 (08:54 h.)
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Una tarde con dos grandes: José Miguel Báez y Tomás Gimeno
Desde hace unas semanas tenía pendiente el encuentro con estos dos ‘grandes’ del automovilismo a todos los niveles. La convocatoria de un almuerzo del grupo de veteranos “Motoradictos” en el Casino de Tenerife, me ha permitido un disfrute por partida doble.
3 ComentariosImprimir16-11-2022  |  Juan J. Alonso
Hablar de José Miguel y Tomás, o de Tomás y José Miguel… tanto monta… es remontarnos a los inicios del automovilismo tinerfeño, a su comienzo como pilotos y posteriormente a su evolución de cargos de responsabilidad en la dirección y gestión, Báez al frente de la Federación Tinerfeña de Automovilismo, instalada generosamente en uno de sus locales, y Gimeno como presidente del Real Automóvil Club de Tenerife. Por otra parte, ambos han ocupado durante distintas épocas la vicepresidencia de la Federación Española de Automovilismo, Báez en tres legislaturas: Fernando de Baviera, Sandro Rocci y Carlos Gracia; y Gimeno en una, con Carlos Gracia.

Como anécdota curiosa hoy día, Báez relata que, con anterioridad, había sido presidente del Real Automóvil Club de Tenerife, que en aquella época tenía delegado el poder deportivo -como ocurría en toda España- y tuve un par de choques con Miguel Giménez Mina, que era el presidente de la Federación Tinerfeña, posteriormente en la FIA se legisló que el poder deportivo debía estar en las federaciones y no en los clubes, por muy antiguos que fueran.

En todo caso -sigue rememorando Báez- Giménez Mina no era un hombre del motor, todo lo contrario que su sucesor, el doctor Luis Carrasco, una persona ejemplar y con una implicación directa que fue impresionante en todos los aspectos, un ejemplo a seguir aún hoy día.

En la Federación Tinerfeña, la etapa presidencial y enormemente fructífera de José Miguel Báez, se extendió a lo largo de diez temporadas, gran parte de ellas con Tomás Gimeno como vicepresidente.

“Fue una época muy bonita -recuerda Báez- no se nos caían los anillos para estar poniendo pacas de paja, o lo que hiciera falta, en la carretera, y el día de la carrera colaborando en el cronometraje o la seguridad, echando cemento para tapar los vertidos de aceite, no había llegado aún la sepiolita… Había más corazón que profesionalidad, no cobraba nadie, a la gente que trabajaba en las organizaciones se les daba las gracias junto con un bocadillo, una manzana y una botella de agua”.

Tomás Gimeno: “Hoy las organizaciones son más complejas, sobre todo en montajes y seguridad con varias ambulancias, UVI’s móviles, coches de rescate, Protección Civil Bomberos, comunicaciones y control de tiempos, seguimiento de los coches vía GPS, antes era todo más rudimentario, pero también más cercano y con un calor humano que yo no veo ahora”.

“Estábamos muy unidos con los pilotos y las escuderías, éramos una piña, todos con el deporte y los mismos objetivos, sin cobrar nunca un duro, todo lo contrario, nos esforzábamos por conseguir patrocinios, cuyos importes iban mayoritariamente a premios en metálico para los participantes”.

“Además tuvimos la suerte de tener patrocinadores muy importantes, alguno de ellos ya fallecido. Por ejemplo -recuerda Báez- teníamos uno en concreto con un importe apalabrado de diez millones de pesetas, después de una buena cena y bastantes horas, aquel importe se había multiplicado por cuatro”.

Tomás Gimeno añade sobre el particular: en la temporada 1975, gané el Rallye Isla de Tenerife con Ángel Piñeiro y el Lancia Fulvia 1.6 HF y el premio en metálico fue de doscientas mil pesetas, casi el valor del coche… Ahora te dan un trofeo de plástico y tienes que pagar unos derechos de inscripción astronómicos, algunos chicos modestos lo hacen a plazos”.

Por lo tanto, mucha experiencia acumulada en los despachos, y tanta, o más al volante. José Miguel debutaba en el automovilismo la temporada 1965 con un Fiat 1500 en el “I Circuito Turístico Puerto de la Cruz” y Tomás lo hacía tres años después en esta misma prueba a los mandos de un Fiat Abarth 850.

Se puede hablar, por tanto de vidas paralelas en la práctica deportiva, en la gestión burocrática, y después de tantos años y tantos avatares, unidos por una fortísima amistad que cultivan con ese afecto tan especial que nos caracteriza a los humanos cuando se llega a la “edad tardía”.

Ambos se iniciaron en una etapa dura y difícil; circuitos urbanos, con el riesgo y dificultad que conllevan, vehículos de serie, con gomas de calle y medidas de seguridad muy precarias.

“Muy complicado -comenta Báez- porque empezábamos por la parte más complicada de la competición, como es luchar cuerpo a cuerpo, lo que equivale a estar siempre superando los límites”… y añade Gimeno, “a las tres vueltas ya estabas sin frenos y había que hacer milagros para mantenerte vivo y sin golpear a nadie”.

Esa experiencia le permitió a Báez llegar con una cierta experiencia a la carrera inaugural del Circuito del Jarama ya con un coche de bastante entidad, Sunbeam Tiger 260, junto con otros representantes tinerfeños y grancanarios, “la verdad que causamos sensación por la variedad y singularidad de los vehículos canarios, muy superiores y nada que ver con la mayoría de los coches peninsulares en aquella época, una diferenciación que se ha mantenido en muchos años años, sobre todo con nuestro ‘mundialito canario’ ahora ya las cosas son distintas y en muchas especialidades están allí mucho mejores que nosotros”.

En la década de los 70, ambos dan el salto a los rallies y la montaña, aunque Báez ya había disputado en 1966 el II Rallye Isla de Tenerife, copilotado por Carlos Hafner y todavía con el Fiat 1500, finalizando terceros de la general.

Es inevitable caer en el tópico de los buenos recuerdos para disfrutar y de los malos para olvidar…. “más que un recuerdo, una anécdota -comenta Báez- cuando en la Subida de los Cuchillos me adelantó una rueda trasera del BMW 2002, yo la vi a mi lado y el coche no se había caído todavía, además el fotógrafo hizo una secuencia que se veía desde que la rueda rompía la fibra de la aleta y se declaraba independiente del coche. Después, o antes, no recuerdo bien, en la Subida de Fataga, me salí bastante fuerte, y el cura que antes iba a las carreras de Las Palmas, me preguntó que si no había ido a ver a la Virgen, debía hacerlo ya, porque estaba vivo de milagro”.

“Pero el recuerdo más fuerte y definitivo es el del 15 de diciembre del 76, Rallye Isla de Tenerife, cuando me salí con el Fiat Abarth 124 Rallye en el primer tramo, que era El Bailadero, cuando íbamos por el aire al fondo del barranco, tuve tiempo de decirle a José Carlos da Silva, ‘nos vamos a matar’, y todo ello sin sentir miedo, solo una sensación de estar suspendido en un sueño que nunca acaba. Milagrosamente no pasó nada, pero me dije ‘José Miguel, ya has tentado mucho la suerte, no lo sigas haciendo’ y allí mismo tomé la decisión de retirarme”.

En el sentido opuesto, cual es el recuerdo que aún tienes grabado hoy día. José Miguel tiene una respuesta rápida, inmediata: el 11 de agosto de 1968, cuando gané la Subida de las Mercedes con el Sunbeam Tiger 260 y al llegar a la meta, me dijeron acabas de ser padre de una niña, se te queda en la mente para siempre, porque es difícil y bonito que se pueda dar una doble alegría en el mismo momento”.

Tomás Gimeno: “mi recuerdo más gratificante es cuando corrí mi segundo rallye, fue con el Lancia Fulvia HF de la mujer de mi copiloto Ángel Piñeiro, tenía ya alguna cosita, y le pusimos una suspensión y unas Michelin TB5, y ante la sorpresa mía empezamos a ganarle tramos a Pepe Monzón con el BMW 2002 Turbo; al final terminamos segundos. Al año siguiente nos desquitamos, porque en ‘Atogo’ le metimos quince segundos y no sé cuanto en ‘La Martela’. Lo más impactante y negativo que he vivido fue el accidente aquel de las 12 Horas de Resistencia en Las Palmas de Gran Canaria, iba a correr con un Alfa Romeo de Vela Murillo y no llegó mi turno, pero fue terrible, seis muertos y muchos heridos, cuando llegamos al hotel hubo gente que nos insultó. Fue terrible, y a pesar del tiempo pasado me sigue impresionando.

Pasemos al mejor coche y al peor, o el de los buenos y malos recuerdos. José Miguel: “Es complicado, pero como coche singular, aún hoy día, podría citar el Iso Grifo, que tenía un motor V8 Corvette de 7 litros y 435 caballos, podía alcanzar trescientos kilómetros por hora, pero no era apropiado para nuestra pruebas, aunque era espectacular y bonito… en aquella época cambiábamos de coche sin darle mucha importancia y lo cambié por un BMW 2800 CS, después supe que el Iso Grifo se había destruido en accidente con incendio en Alemania. Como coche malo….. pues no, cada uno lo disfruté en su momento y no tengo en particular recuerdos negativos”.

Tomás Gimeno: “Todos los coches que he corrido les he tenido un cariño tremendo, porque todos los he hecho yo, los que más satisfacciones el Lancia Beta y el Mercedes 190. Malos recuerdos, ninguno. Y aquí tengo que añadir, que aunque la gente me conozca como piloto, mi otra pasión, incluso para mi más importante, es la mecánica, siempre me ha gustado desarrollar los coches con sus preparaciones, y sin trampas, personalmente creo que he disfrutado más en el taller que en la carretera”.

Como pilotos de la época, destacados según el criterio de cada uno, José Miguel: "Chicho Reyes y Pepe Monzón. Hoy ya no voy a las carreras, las sigo informativamente, pero no en directo, por eso no puedo opinar". Para Tomas Gimeno, "Pepe Monzón, como piloto emblemático, rápido y competitivo, y como persona fue irrepetible en el trato y en el talante".

Se quedan con aquella época, o les atrae la actual, pregunto, y la respuesta es concluyente por los interlocutores: la de antes, “los coches eran seres vivos que les veías latir en cada curva, les seguías con los ojos y el corazón, y hasta con el olfato, con aquellos aceites racing -comenta Tomás- hoy ni les oyes, ni te transmiten ninguna emoción con tantas ayudas a la conducción, el piloto es casi un informático manejando teclas y parámetros de todo, y cuando llegas al parque de trabajo, sacas la adquisición de datos y con el ingeniero te analizan cada curva, como si estuvieras trabajando en un laboratorio”.

“No hay emoción -se extiende Báez- antes había que conducir, sentías el coche en tu culo y en la carretera, tenía un sabor especial. Si hoy volviera a empezar, sin duda elegiría uno de aquellos coches”.

En esto de las nuevas tecnologías, inevitable la referencia, y dentro de ellas, la novísima del motor de hidrógeno que acaba de estrenar Toyota en el Yaris WRC2. Báez responde: “Bajo mi criterio, y a largo plazo, el hidrógeno gana la batalla en el plano industrial productivo, lo que equivale a decir que, por extensión, también en el deportivo. Todo evoluciona, y no podemos cerrar la puerta; por ejemplo de aquellos frenos de tambor a los actuales de discos, cuatro pistones..., cuando levantamos un capó no vemos nada, y antes tocábamos las bujías y las podías cambiar, sobresalían los carburadores, aquellos Webber verticales…. los podías tocar y regular, hoy todo ha cambiado, y muy especial en materia de seguridad, como vemos cada día con los accidentes en los rallies o en las carreras de circuito, con esos espeluznantes golpes en la F1. Añoramos lo antiguo, lo de nuestra época, pero no podemos cerrar las puertas al progreso y especialmente la seguridad.

Desde hace unos meses está muy de actualidad el Circuito de Tenerife, y sin duda es muy interesante la opinión al respecto de dos personas que lo han conocido desde sus inicios, allá en el mes de noviembre de 1990, cuando fue presentado por primera vez en el Cabildo.

José Miguel Báez, voy a contar una anécdota: cuando el concurso para la construcción del dichoso circuito, lo ganó mi organización asociada con una empresa perteneciente a un miembro de la familia real de Abu Dhabi: Carlos Gracia y yo fuimos a ver a Jean Todt como presidente de la FIA, que apoyó el proyecto; le mandé un mensaje al responsable del Cabildo en el tema, y me dijeron que no, que lo iban a sufragar directamente con recursos del propio Cabildo. Esto mismo, me lo ha repetido aquí mismo, en el Casino, el pasado sábado un representante del Cabildo, pero lo cierto es que las obras siguen sin iniciarse, y ya son treinta y dos con la misma canción”.

“Nosotros nunca pensábamos en algo absolutamente inalcanzable como la Fórmula Uno -prosigue Báez- sino en algo lógico, rentable y realizable, dadas las posibilidades de utilización durante todo el año, al lado de un aeropuerto que nos comunica con todo el mundo y con una dotación hotelera de primer nivel. Es decir, unas condiciones ideales para probar motores, neumáticos, presentaciones de nuevos modelos, incluso esas rodadas a que son tan aficionados los multimillonarios con sus coches de élite; y todo ello con un polígono industrial en el entorno del circuito, como gran complemento industrial”.

Tomás Gimeno añade sobre el particular: “Todo esto de cara al exterior mayormente, porque, y en esto coincido con Báez, en Canarias nos gusta la competición en carretera, aunque tuvimos nuestra historia en los circuitos urbanos, pero eso ya no funciona. Está el ejemplo del Circuito de Maspalomas, con una cuerda de 4.200 metros y más de veinte años funcionando, solo ha tenido éxito para las motos, porque no tienen otras carreras de velocidad en carretera, pero en Canarias somos tierra de rallies, y los coches de rallies se revientan en un circuito, es una tradición de muchos años que no se puede cambiar, los rallies son nuestro ADN deportivo, aunque la velocidad sea más barata, más segura y lleve menos tiempo de preparación”.

“Otra cosa -interviene Báez- es la enorme saturación en pruebas de carretera. El sábado coincidí aquí en una cena con Eva María Canitrot, jefa de Tráfico de Las Palmas y me decía que el tema de los rallies es un exceso que les tiene agobiados, demasiadas carreteras cortadas, demasiados pueblos e industrias incomunicados durante uno o dos días enteros… y aunque la afición tiene mucho peso y hace presión, a la larga habrá que reducir las actividades de carretera y derivar hacia los circuitos”.

El encuentro de ‘Motoradictos’
Unido a la tarde con estos dos grandes, está el entrañable encuentro. Uno más, con el grupo de ‘Motoradictos’ veteranos del automovilismo de las dos provincias, que después de aquellas rivalidades deportivas, nos hemos convertido en amigos que disfrutamos de nosotros mismos, de nuestras vivencias, que nos reímos unos de otros, siendo, en definitiva, el mayor trofeo que nos ha dado el automovilismo.

De este grupo aun conservamos actividad en torno al deporte, Fernando Capdevila como director deportivo de éxito con su equipo Copi Sport, y un servidor, como trabajador diario, con mayor o menor acierto, del mundillo de la información.

En la mesa redonda del Casino de Tenerife, disfrutamos de un largo, contundente y bien servido almuerzo: Carlos Hafner, Christian Bolmann, Enrique López, Jorge Jover, Tomás Gimeno, José Miguel Báez, Javier Álvarez, Eduardo Ávarez, Fernando Capdevila, Orlando Alonso y Miguel Ángel Domínguez. Fueron baja por motivos laborales de última hora, dos puntales como Alfredo Medina y Carlos Alonso-Lamberti.
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Comentarios · 3
3 · Corgan 17-11-2022 13:58 h.
Un placer leerlo J.J. Alonso.
2 · Edd 16-11-2022 22:47 h.
Muchas gracias Don Juan José por estas charlas son oro para los aficionados como yo .
1 · Vilaflor 16-11-2022 18:45 h.
Buufffff que maravilla escuchar a estos dos grandes del automovilismo!!!!!
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