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Motor 2000
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Martes, 3 agosto - 2021 (17:20 h.)
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Lubricante motor: fuente de vida
Los propulsores de combustión están sometidos a importantes agresiones en forma de calor y fricción, por lo que escoger el lubricante más apropiado supone alargar la vida útil o, por el contrario, encontrarnos sorpresas desagradables.
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Alrededor de un 40% de la energía que es capaz de producir un motor de explosión se traduce en movimiento efectivo transmitido a las ruedas, lo cual supone que el otro 60% son pérdidas en su gran mayoría por fricción en las partes móviles del propio motor, en los elementos de transmisión y en el punto de contacto final con el pavimento: los neumáticos.

Es por ello que el funcionamiento óptimo de un lubricante motor debe ir encaminado a reducir el rozamiento interno e, igualmente importante, a alargar la vida de las piezas que conforman su conjunto, especialmente las que interactúan con otras, como pueden ser tapillas de cigüeñal, árboles de levas, aros y bulón del pistón, eje del turbocompresor, etc.

En función del tipo de uso que se le vaya a dar al vehículo, existen diferentes tipos de lubricante:

• Aceite mineral: utiliza directamente una base refinada del petróleo, por lo que ofrece unas prestaciones diferentes a los lubricantes sintéticos y ciertas ventajas. Se suele recomendar en motores con bastante desgaste y muchos kilómetros acumulados. Los periodos de cambio del aceite con los aceites minerales son más cortos que con los sintéticos.

• Aceite sintético: la base destilada y refinada del petróleo se somete a un proceso de transformación para desarrollar unas características determinadas y alcanzar unos estándares de calidad más altos. Son aceites menos volátiles y aguantan mejor las temperaturas extremas, por lo que aseguran la protección del motor y mantienen sus propiedades estables durante más tiempo. Son, por tanto, perfectos para motores exigentes.

• Aceite semisintético
: su base se elabora a partir de la mezcla de bases minerales y sintéticas. Son los de uso más generalizado por su excelente respuesta, aunque sus prestaciones no pueden igualarse a las de los aceites 100% sintéticos.

¿Qué es la viscosidad del lubricante?

Por definición, la viscosidad es “la resistencia de un líquido a fluir”, por lo tanto, mientras más espeso, mayor será su cifra de referencia. Por ejemplo, un 20W50 es menos fluido que un 0W40. El primero se usa bajo condiciones de trabajo de mayor calor y necesidad de resistencia, mientras el segundo se emplea en condiciones menos exigentes y de mayor frío.

La Sociedad de Ingenieros Automotrices de los Estados Unidos SAE, estableció una clasificación de viscosidad para los lubricantes de motor. Esta clasificación de lubricantes está definida según la especificación SAE J-300-09, divididos en grados de invierno o arranque y grados de verano o de funcionamiento.

Los grados de viscosidad para invierno van acompañados por la letra "W”, Winter en inglés, haciendo referencia a la estación invernal y se basan en el cumplimiento de requerimientos de comportamiento del aceite a baja temperatura. Los grados de verano no van acompañados por ninguna letra.

¿Cuándo debemos cambiar el aceite motor?

Cada fabricante tiene sus propias recomendaciones sobre el intervalo entre cambios de aceite, si bien cuando el vehículo es nuevo se recomienda no superar los 15.000 km, dado que durante el rodaje del motor se terminan de pulir algunas superficies de contacto, de las cuales se desprenden pequeñas partículas metálicas que quedan atrapadas en el filtro de aceite.

Transcurridos esos 15.000 km, o tras la primera revisión, se puede duplicar el espaciado de los cambios de aceite, es decir, podemos prolongarlo hasta los 30.000 km, siempre y cuando el fabricante no recomiende lo contrario y, muy importante, hayamos utilizado un lubricante de máxima calidad, como es el caso del Fanfaro O.E.M. Line, 6719 LONGLIFE con viscosidad 5W/30, cuya formulación permite alargar los intervalos de servicio, con el consiguiente ahorro económico, además de ser compatible con filtros de partículas, tanto diésel como gasolina.

¿Por qué el aceite se torna negro?

Los motores de ciclo diésel y gasolina de inyección directa producen más cantidad de hollín -formado por partículas sólidas de tamaño muy pequeño, compuestas fundamentalmente de carbono y resultantes de la combustión incompleta del combustible- que los motores convencionales de gasolina. Ese hollín es un colorante muy potente para el aceite: basta una pequeña cantidad de él para que el lubricante adquiera un color negro.

Por ese motivo no debemos sorprendernos si al revisar el nivel de aceite a través de la varilla lo encontramos de un tono negro, incluso al poco tiempo de haberlo sustituido, pues este hecho no solo no impide que el aceite realice sus funciones de lubricación y protección de los componentes del motor, sino que indica que está cumpliendo correctamente su función.
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