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Motor 2000
XX Rallye Isla de La Palma (24 julio 1993)
José M. Ponce-Gaspar León, vencedores en la “guerra del tabaco”
En estas fechas, cuando el automovilismo palmero está de plena actualidad, resulta muy oportuno tirar de memoria histórica y rescatar uno de los mejores rallies de cuantos se han disputado en sus carreteras, el XX Rallye La Palma-VII Isla Bonita, cuya organización estaba a cargo de forma conjunta por las escuderías La Palma, Valle Aridane y Club ADEA. Todo un ejemplo de cooperación en bien de un objetivo común y que hoy podría y debería ser tomado como ejemplo.
24-07-1993  |  Juan J. Alonso / Fotos: Micael Löfgren
Con sede en Los Llanos de Aridane, el rutómetro tenía un recorrido de 315,200 km, de ellos 84,200 correspondientes a los 12 tramos cronometrados, una selección de los mejores y más selectivos que podían encontrarse en la geografía insular: “Hoyo de Mazo” 4,900 km; “San Isidro” 5,600 km; “Bajada Refugio El Pilar” 6,700 km; “Puntagorda” 5,500 km; “Briesta-Llano Negro” 13,300 km y “El Time-Angustias” con 6,600 km. A casi treinta años vista, una configuración envidiable, y que algún día debería repetirse como homenaje histórico a aquella fastuosa etapa.

La participación. igualmente de máxima calidad, con los mejores equipos del archipiélago en acción: José María Ponce-Gaspar León, vencedores de este rallye en 1989 y 1990; Ricardo Avero, que con Mario López y Nazer Ghuneim se había impuesto en las temporadas 1991 y 1992. Ambos afilando sus armas deportivas para el desempate. Y como árbitros del enfrentamiento, Carlos Alonso Lamberti-José M. Sarmiento, que habían ganado en 1989, y Luis Monzón, que disputaba su primer rallye en La Palma copilotado por Nazer Ghuneim, y que en aquella temporada tenía la “sangre caliente y el pelo encendido” al compartir montaña con la barqueta Osella-BM”, en tierra sobre el Renault Maxi5 Turbo 4x4 y en los rallies de asfalto con Lancia Delta Integrale.

Además un Grupo N con los mejores equipos de Tenerife, Gran Canaria y La Palma. Todo ello adobado por la confrontación tabaquera entre Marlboro y Camel, compañías que desplegaban una generosa lluvia económica con el patrocinio de equipos, entidades organizadoras y federaciones.

El rallye respondió plenamente a la expectación previa: tres líderes diferentes, clasificación en el aire hasta dos tramos del final y barrida de récords en los tramos.

José María Ponce-Gaspar León, con un Ford Escort RS Cosworth que no les daba ni un problema, se alzaban con su tercer triunfo en este rallye después de mantener una lucha “cuerpo a cuerpo” con Lamberti-Pallero, que junto a Monzón-Ghuneim y Avero-Déniz se repartían los scratchs. A mitad de rallye estaban empatados Ponce-León y Monzón-Ghuneim; mientras Lamberti-Pallero (Nissan Pulsar GTi-R) que habían liderado una apretada clasificación hasta el TC4, sumaban dos trompos que les descolgaban y una posterior salida en “Puntagorda”, sin daños pero sin poder retornar al asfalto, que determinaba su abandono.

A partir de aquí, cuatro scratchs consecutivos de Monzón-Ghuneim en las dobles pasadas por “Puntagorda” y “Llano-Negro-Briesta”, desplazaba del liderato a Ponce-León, pero el Lancia pasaba la meta de Briesta con un ruido sospechoso, y de hecho abandonaba en el enlace: el Delta Integrale se había quedado sin la primera y segunda velocidad…

José Mari Ponce y Gaspar León cerraban el rallye con dos scratchs y una diferencia de 35 segundos sobre Ricardo Avero-Nazer Ghuneim, que no pudieron plantarles cara (salvo en “San Isidro”) porque el Galant VR4 se había montado a toda prisa tras el accidente sufrido la semana anterior en el Rallye Isla de Gran Canaria y no se lograron los reglajes adecuados, más el efecto psicológico.

Detrás seguían los protagonistas de un Grupo N de auténtico lujo, que en la arrancada del primer tramo perdía a Goyo Picar-Andrés Castro por rotura del diferencial en el Ford Escort RS Cosworth. Antonio Ponce completaba el éxito del equipo Ford-Camel, imponiendo el Escort RS Cosworth frente al vehículo idéntico (en modelo y decoración) del tinerfeño Nicolás Mesa, acusando problemas con el cambio en la parte final del rallye, y su primo Manolo Mesa que, pese a problemas de turbo temperatura en el Sierra RS Cosworth, mantenía una fuerte pugna con el Nissan Pulsar GTI-R de José Luis Ferraz “El Poeta”, hasta que abandonaba en el fatídico “Pungagorda” por rotura de un palier, cuando rodaba sexto y primero entre los palmeros.

Ambas posiciones fueron heredadas por Santi Concepción (Opel Kadett GSI), resultado que le ponía al frente del Campeonato Insular. Domingo Hernández, séptimo, tras superar problemas iniciales con el Lancia Delta Integrale, desbancando del puesto a Javier Concepción, que pilotaba el Ford Sierra Cosworth ex’Madalú’.

Cerraban las diez primeras posiciones Lorenzo Raya-José Negrín, primeros del Desafío Peugeot-Esso con el 309 GTI; y Nicomedes Pérez, espectacular en los descensos, pero retrasado por algunos problemas en el Volkswagen Golf GTI; algo similar le ocurría a Pedro Pérez ‘Madalú’, undécimo, con el Sierra RS Cosworth que fuera muleto de Fernando Capdevila en el mundial de rallies, faltándole tiempo para probar y adaptarse al vehículo.

Como puede observarse, hoy, treinta temporadas después, vemos como felizmente varios de aquellos protagonistas siguen siendo actualidad, con resultados notables y en puestos de privilegio. Eso sí, sin aquel generoso paraguas económico de las tabaqueras que fueron el maná que sustentaba unas monturas espectaculares del siempre envidiado y recordado “mundialito canario”.
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